RETRATO

Hombre que llevas la corbata verde,
pintor de medianoche, sibarita
de todos los colores agresivos
y de todas las formas siemprevivas,
en bidimensional y blanco mundo
tú disecas volúmenes y gritas
con bravos amarillos tu disgusto,
con rojas pinceladas tu alegría.
Hombre que estrenas un bigote nuevo
para cada muchacha que te mira,
amador de la luna adolescente,
pintas de pié, pintas sentado, pintas
en las nubes abstractas del ensueño
imágenes sin sombra de sonrisa,
como espejos fantásticos, tus lienzos
informan y estremecen a la vida,
dejando en la retina alborozada
un regusto arco iris, estilista
de los amores rotos en pedazos
y de las parafrénicas marinas.
Hombre que pintas con los dedos pares
unos cuadros tan vivos que respira,
contable de la arena en el Desierto,
Salam, salam, salam, salam, artista
que te lavas los dientes cada noche
con un blanco de zinc-pasta dentífrica,
como dijo el Poeta, es tu pintura
“Sentimental, sensible, sensitiva”.
Viva el azul; en tu chaleco tienes
de botones redondos una fila.
Hombre que atas tus cuadros con cadenas
para que no se marchen cada día
al Museo, pincel autodidacto,
pincel espada, tu pincel avispa,
Luis Cajal, tu pincel independiente
es un pincel que cada cuando pinta.

31 de agosto de 1950
Rubio Romero

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  • EPÍSTOLA PARA UN 28 DE OCTUBRE PRÓXIMO PASADO

    Querido amigo Luis: ya no te escribo
    sobre corbatas verdes agresivas,
    sobre mágicos árboles estáticos,
    ni sobre grises madrugadas lívidas,
    ya no busco los ecos juveniles
    ni a tiernas bestezuelas hago lírica,
    ni me demoro en el fracaso antiguo,
    ni sueño en grande cúpula francisca.

    Y si miro hacia atrás y hacia adelante
    es con la mísmida mirada mía,
    equivocada o cierta, la mirada
    que tengo, intransferible, en esta vida.

    Es con esta mirada, recorriendo
    el tiempo y el espacio, cuando vibra
    un recuerdo presente de proyectos
    y una amargura doble de colilla,
    cuando se deja ir a la mirada,
    libre por fin de apoyaduras clínicas,
    hacia una meta no determinada
    pero al fondo del Alma presentida,
    cuando se avanza de la mano de alguien
    a quien se avanza de la mano y miras
    (sólo una vez) hacia el remordimiento,
    y dices “no estoy solo”, ¡qué alegría
    y qué tristeza, Luis, la de este grito
    de reto a la lejana amanecida!

    (Por lo que ha de venir, un Himno nuevo;
    y por lo ya pasado, una Elegía).

    Madrid, 28-31 de octubre de 1970
    Javier Rubio

  • VERSO Y REVERSO

    ¿Quién pinta con azulgrís?
    Luis.
    ¿Quién con azul abisal?
    Cajal.
    ¿Y qué hace con los azules?
    Tules.
    ¿Y con los ultramarinos?
    Vinos.
    ¿Con los azules prusianos?
    Manos.
    ¿Con los tonos azulencos?
    Cuencos.
    ¿Y con los azulidores?
    Flores.
    ¿Con azules submarinos?
    Pinos.
    ¿Y con el azul de aurora?
    Flora.
    ¿Con azules y tristezas?
    Cabezas.
    ¿Y con azul y amarillo?
    Tomillo.
    ¿Con tréboles y un azul?
    Ful.
    ¿Con lapislázuli y yedra?
    Piedra.
    ¿Con añil y aguamarinas?
    Esquinas.
    ¿Con lazulita verdosa?
    Otra cosa.
    ¿Con cerúleo perfil?
    Un atril.
    ¿Qué hará entonces Luis Cajal
    con color, pincel y tela?
    Hará azul la noche en vela
    y hará azul el bien y el mal.

    Javier Rubio Romero

  • LOS HIJOS CALCULADOS

    Los hijos calculados
    en una ordenadora
    en cerebro electrónico
    en Ofino
    papel milimetrado
    en planing
    ecuación
    y logaritmo
    en fechas
    y horas
    en control
    del pulso y del espasmo
    en quinquenios
    calculado en ascensos
    horas extraordinarias
    en hijos potenciales
    en números
    en presupuesto familiar
    en permiso
    de verano
    hijos de sábado
    hijos, los hijos calculados
    en esquema
    los hijos de la ficha perforada
    del resultado
    del problema.
    Del odio.

    25-26 de noviembre de 1967
    M. Rubios

  • POETA MARINERO

    A un pintor
    A un poeta
    A un amigo
    En el fondo oscuro de tu alma
    nueva, se dibujan las huellas repe-
    tidas de tu carabela de oro, capitán;
    marinero de fe y de sueño conquista-
    dor del extraño continente que allá,
    en el borde del mundo
    se hunde a cada
    crepúsculo en una teoría de angustias
    infinitas…
    de adioses…
    de esperan-
    zas…
    de nostalgias…
    todo viejo en
    la brújula nueva de tu corazón,
    derramado so-
    bre la paleta magnífica de una páli-
    da primavera leve, sacrificada en
    sus entrañas de sublime y vivifica
    materia de fuego.
    Mientras tanto,
    Dios esparce por el
    Universo su irónico e
    ininteligible aliento,
    como un susurro de vi-
    da…
    de sospecha…
    de
    misterio…
    Y tú,
    pobre marinero,
    pintor apasionado,
    poeta visionario y
    hombre náufrago en su nada y
    en su todo,
    gritas como loco a
    tu tripulación de colores, mos-
    trando tu corazón rojo en la
    palma de tus manos:
    “¡Tierra a la vista!”
    Y es entonces cuando has terminado
    un cuadro: has fundado, capitán de
    tu carabela de oro, otra colonia
    más en el gran universo del espíritu.

  • SONETO

    Escrito mientras Luis Cajal pintaba

    Duelo de sol y viento, la mañana
    detrás de los cristales sorprendida
    tiene perfil de novia ya vencida
    por siete duros besos de semana.

    Cortan silencios con la silba vana
    las turbas galloferas, y la Vida
    se repite distinta con desgana
    en pareja de Amor adormecida.

    Domingo igual, por siempre eternizado
    por el Arte que todo lo ennoblece
    cuando sus galas por el Mundo expande.

    En una habitación, lugar callado,
    bajo un pincel ya se perfila y crece
    la majestad de San Francisco el Grande.

    Madrid, 26 de mayo de 1951
    Rubio Romero

  • SONETO

    El ocio en Luis Cajal rejuvenece
    antiguos ritos de color y forma.
    Con todos los pedazos de la norma
    nuevo paisaje de la tela crece.

    Azul marina nueva se estremece
    y en nueva creación vieja transforma,
    -negro, amarillo- gigantesca horma
    para sueños tan vastos él merece.

    Cuando el Tiempo, que todo lo destruye,
    ciegue sus ojos, por los cuales bebe
    en claras fuentes una luz más pura.

    Otra generación que joven fluye
    ya que su cuerpo contempla lo debe,
    por los siglos contemple su Pintura.

    30 de agosto de 1950
    Rubio Romero